
Miguel Ángel
Gilles Néret
Océano
Soy un profundo admirador de ese monstruo artístico que llevará en vida mortal el nombre de Michelangiolo Buonarroti (1475-1564), mejor conocido como Miguel Ángel a secas para los cuates. Para mí, el más grande genio del Renacimiento italiano en cuanto a artes plásticas se refiere. Aunque obviamente no podemos dejar de lado al gran Leonardo Da Vinci. Sin embargo, este periodo de genialidad y revaloración del ser humano como centro mismo de la cultura y el universo, pienso que se lo lleva de calle el buen Miguel Ángel, quien desde muy temprana edad mostró una capacidad extraordinaria para la escultura, particularmente para el tallado del mármol.

En este ameno libro se nos va narrando la vida del genio, a través de las obras que fue realizando. Muchas de ellas a regañadientes y por mero encargo. Algunas de como el David, o el mural del techo de la Capilla Sixtina verdaderas obras maestras.
No creo que después de Miguel Ángel haya existido un coloso artístico de sus proporciones, (dudo que exista o existirá) que lo mismo pintaba (aunque el odiaba la pintura; pues pensaba que el único arte verdadero era la escultura); esculpía cosas tan hermosas como La piedad o realizaba proyectos arquitectónicos como la cúpula de la catedral de San Pedro y San Pablo en el Vaticano.

Un entretenido libro de arte, muy fácil de leer y en donde el autor, deja entrever el carácter ⎯nada fácil por cierto⎯ de uno de los mayores genios que ha dado nuestra especie a lo largo de su estadía en el planeta Tierra. Una personalidad contradictoria, por ratos arrogante, pero siempre genial.
Contemplar cualquier obra de este coloso es una experiencia que mezcla lo terrenal y lo espiritual a un nivel sublime. Cada que veo, leo o sé algo más de este gran artista del Renacimiento, me convenzo más de que estaba muy por encima de las capacidades normales de cualquiera de nosotros. A veces ⎯como el polémico escritor navarro J. J Benítez⎯ pienso que simplemente no era de este mundo.
















